miércoles, 16 de octubre de 2013

Un imbécil prohíbe la foto de un torero

En la vida se puede ser imbécil, muy imbécil, redomadamente imbécil y ya después, más allá del imbécil supino, el imbécil con eme antes de be, se puede ser alcalde de Barcelona.

Alcalde de Barcelona, sí, ese cateto fascistoide que ha prohibido la colocación de la cartelería de la exposición de los prestigiosos premios de fotografía World Press Photo porque tienen la foto de un torero. Esa es su libertad; ese el odio que le tienen a todo lo que represente cultura y tradición de los demás, de la tierra que pisan, por mucho que disfrazasen sus ínfulas nacionalistas de un animalismo suciamente utilizado con tintes políticos.

Yo, señor mío, le explicaría quién ese es torero que se ajusta la montera con un parche negro y el rictus aún desordenado en la boca, mirando al frente con un solo ojo, desafiando al futuro con tiritas en los dedos. Le diría que los laureles bordados en su traje verde son el símbolo del héroe. Que este torero es lo más próximo a un héroe del siglo XXI.

Le explicaría que mientras él se ajusta la montera yo me quito el sombrero por su ejemplo, su lucha, su fuerza de voluntad, su querer ser. Por la arrolladora personalidad que fascinó a un artista, Daniel Ochoa de Olza, que decidió seguirle con su objetivo por toda España. Un fotógrafo al que el imbécil del alcalde de Barcelona prohibe mostrar su obra, cercenando una vez más la libertad que nos asiste a todos los españoles.

No sé hasta cuándo, no sé hasta dónde el resto del país va a aguantar con el silencio de los corderos las impertinencias, los atropellos, las gilipolleces, las imbecilidades. El alcalde de Barcelona prohíbe la foto de un torero en unas calles más estrechas, menos libres, menos de todos. Fascismo.

Lo que nunca entenderá ese imbécil es que jamás podrá llegarle a la suela de los pies a ese hombre, a ese torero que se ajusta la montera revestido de los laureles del héroe. Por dignidad, por la emoción que aún me embarga cuando te recuerdo así, Juan José Padilla, verde esperanza, verde laurel, resucitando de entre los muertos en Olivenza, regresando a la luz del ruedo, al vértigo del toro, con un ojo cerrado para siempre y el corazón ensanchado de vida.

En las calles de mi alma tienes siempre tu casa.



(Y como a mi los imbéciles me la pelan, dicho en cristiano, cuelgo aquí la foto prohibida. La foto de un torero, el retrato maestro de Daniel Ochoa de Olza)

jueves, 26 de septiembre de 2013

A esta hora, ya sin horas

(A Paquirri, en el 29 aniversario de su gloria)

Era sobre esta hora, minuto arriba minuto abajo. Sabíamos que la muerte ronda las plazas, que cualquier día puede devenir en tragedia. Que esto no tiene trampa, ni cartón. Pero no podía ser. A él no. Tan tiarrón, tan poderoso. Tan torero. Tan tranquilo en mitad del caos como un Cristo Yacente en una carrera loca por el callejón, en directo, ante la mirada de un país incrédulo con los ojos cosidos a la pantalla y el corazón en un puño : "Haga usted lo que tenga que hacer". Mirando a los ojos a la muerte, como tantas veces, como en la foto en blanco y negro que ilustra esta ventana berrenda, con aquella mirada azul que era un continente en el que se refugió la mujer más salvajemente bella de España. Carmina. Hija de torero. Madre de toreros.

Era esta hora, minuto arriba, minuto abajo. Era una hora en la que daban igual las horas. Ya no había horas. Sabíamos que el tributo de la gloria es a veces la muerte, que el peaje de ser torero es la vida. Y luego la eternidad. Siempre. Pero a él no podía pasarle. Lo adoraban los aficionados por su poderío, mandó tarde tras tarde; lo adoraban las marujas de barrio enganchado del brazo de la Pantoja en las revistas de la peluquería. Lo adoraba el toreo, que sabía que era un dios de la guerra descendido a la carne, con los pies pegados a la tierra, con el que no se atrevía ni siquiera la muerte.

Podía haberse quedado faenando el atún de chaval en Barbate, pero le venció el veneno del toreo. Jodido veneno. Ahí plantado, macizo, rotundo, inquebrantable. A él no. Como una isla de calma en mitad de aquella tempestad de hombres, médicos y cuadrilla, los tendidos de septiembre que hubiesen dado su propia vida en Pozoblanco para salvar la del torero, el de la mirada azul.

Hace apenas unos meses me lo contaba el gran doctor Eliseo Morán, las lágrimas a flor de piel, el recuerdo tan presente; aquella impotencia de quien tantas vidas ha salvado, de quien ha suturado carreteras que escarban hasta el mismo alma de los hombres. Pozoblanco árido bajo el último sol, ya sin verano. Avispado maldito, antesala de la gloria de un torero sobre la sábana, horizontal, más allá de la vida, ya leyenda.

Aquella tarde, aquella noche que le marcó una cruz en el calendario, una cruz sobre la tierra, una puñalada, y luego la nada, esa sensación indefinida al irnos a la cama, el sentido tan nimio de la vida, el instante, esa incredulidad, esa certeza de que el toreo es mucho más grande que una tarde de clarines y timbales, más cierto que la sangre, más milagro que todos los versículos de la Biblia. Tan al límite.

Podía pasar. Pero a ese tío no, mientras España lloraba tras los cristales inabarcables de una viuda de luto riguroso y desmayado cuyos ojos amasaban las lágrimas de millones de ojos.

26 de septiembre, sin relojes, ya sin tiempo. Ese día mi generación entendió de golpe lo efímero de la vida, lo eterno de la gloria. Paquirri estaba muerto.Podía pasar. Pero a él no.

Y sobrevino la madrugada. Aquella madrugada sin luna, más allá de la ficción. Esta vez había pasado. A estas horas, minuto arriba, minuto abajo. Francisco Rivera Paquirri entraba por su pie, seda y oro, la mirada azul, en la gloria.




(Hoy, 26 de septiembre, veintinueve años después, el Congreso ha debatido la ILP Taurina para declarar los Toros Patrimonio Inmaterial Cultural. A la memoria de todos los que honraron el toreo con su vida, lejos del maniqueo político y la prostitución de la palabra para arañar unos votos de aquí y allá. Déjennos en paz con nuestros héroes y nuestra memoria)


martes, 24 de septiembre de 2013

#BARCELONATAURINA



Se cumplen dos años del cierre totalitario de la Monumental de Barcelona. Hoy lanzamos un mensaje unitario en defensa de algo que es evidente y que nunca nos debieron arrebatar:
#BARCELONATAURINA.

En un hecho histórico de unión taurina, más de 60 blogs y web, reivindicamos un derecho como es el de la libertad de ir a los toros en Barcelona.

HISTORIA 

Barcelona está unida a la tauromaquia y eso es algo que nadie puede esconder. Sólo hay que repasar la historia de la mano de José Morente (http://larazonincorporea.blogspot.com.es/) e irnos de su mano a una corrida de toros en Barcelona. Eran 3 las plazas de toros que llegó a tener la ciudad condal. Hoy vamos a una corrida en 1912 en Las Arenas:





Barcelona. 9 (12,30 de la mañana)

El ambiente para la corrida de la tarde es sensacional. El festejo ha sido organizado por el aristocrático Círculo Ecuestre que reúne a lo más granado de la Sociedad catalana de la época.
Como además el fin es benéfico (para los damnificados de la guerra del Rif) y asesora a las Presidentas honorarias el simpar Guerrita, toda Barcelona se ha dado cita en la plaza en la que seguro no cabrá un alfiler pues se espera un llenazo.

Guerrita muy bien acompañado como se suele decir por las presidentas de honor a las que asesoraba: Las señoritas Josefina Julia, María Desvalls, Inés Sagnier, Mercedes Bosch, Manolita Ricalt, María
de Sentmenat, Mercedes de la Riva e Isabel de Satrústegui.

Barcelona responde y así recibe a Guerrita. En Las Arenas no cabe un alfiler.


EL TOREO Y LA ECONOMÍA. SIN RAZONES PARA EL CIERRE.

El cierre de la Monumental de Barcelona estuvo plagado de mentiras. Nadie mejor que el profesor Juan Medina en su estudio "Barcelona: la posibilidad de una isla" ha desmontado uno a uno los mitos de un cierre totalitario y sin sentido. De lectura obligatoria su blog Tauroeconomía http://escalafon.blogspot.com.es/

1- Contra el rumor generalizado de que cada vez se celebran menos toros en Barcelona

Aquí demuestra cómo la reducción de festejos en Barcelona va a la par con el resto del país.
2- Contra el rumor interesado de que nadie va a los toros en Barcelona Monumental de Barcelona -
Aforo: 19.582 espectadores   
Temporada 2010 - 18 festejos mayores
Entrada total: 129.000 espectadores
Entrada media: 7.200 espectadores
Entrada máxima: 14.700 espectadores (18 de julio: Fundi, Juli y Manzanares con toros de Victoriano del Río)

Espectadores por festejo: 5.900 4.900 4.900 6.500 9.800 4.900 9.800 14.700 9.800 6.500 4.900 4.900 4.900 4.900 f4900 4.900 9.800 11.750

En el estudio amplía los datos al año 2009 y hace una esclarecedora comparación con el basket.

3- Contra el rumor -paradójicamente tomasista-de que sólo José Tomás garantiza la rentabilidad de los toros en Barcelona. No sólo José Tomás es rentable allí.
Para finalizar deja claro el impacto económico de los toros en Barcelona para su economía:


Una demostración clara de la realidad de un cierre totalitario. El estudio completo pueden encontrarlo en escalafon.blogspot.com.es/2011/06/toros-en-barcelona-la-posibilidad-de.html . 

EL TOREO EN LA MONUMENTAL (DATOS)

Es imposible repasar 100 años de toreo en La Monumental en pocas líneas. En su ruedo se han visto triunfos, sangre, gloria y dolor han ido de la mano. Unos datos sobre la plaza y el toreo allí pueden resumirse de la mano de Datoros.com: http://datoros.com/

Cataluña fue la Comunidad autónoma que MÁS FIRMAS recogió EN TODA A ESPAÑA a favor de la ILP Taurina

Lluis Companys, líder de ERC y presidente de la Generalitat, presidió festejos taurinos en Barcelona y Sevilla

Potrico, de Pablo Romero, fue el 1º TORO INDULTADO en La Monumental. El festejo se suspendió al no querer entrar al corral

Si se juntaran todas personas que votaron al PACMA en Barcelona en las elecciones de 2012, NO LLENARÍAN la Monumental

Desde el año 2000 se han indultado en Barcelona cuatro toros. Finito de Córdoba a Zafiro de Torrealta (2000), José Tomás a Idílico de Núñez del Cuvillo (2008), Miguel Tendero a Rayito de Valdefresno (2010) y Serafín Marín a Timonel de Jandilla (2010).

Núñez del Cuvillo es la ganadería a la que más orejas han cortado en La Monumental en todo este siglo, seguida de Domingo Hernández – Garcigrande y Juan Pedro Domecq – Parladé.

En el año 2000 se celebraron en La Monumental  23 festejos taurinos. En 2011, última temporada en la que hubo toros, la cifra bajó a 16 festejos.

José Tomás es el torero que más veces ha cortado las dos orejas a un toro en Barcelona durante todo el siglo, seguido de El Juli y Serafín Marín. Entre los rejoneadores, Diego Ventura es el torero que más veces lo ha conseguido.

Alejandro Talavante ha toreado ocho corridas en La Monumental de Barcelona. Nunca ha cortado una oreja en esta plaza, en la que no toreó en la última temporada antes de la prohibición.

José María Manzanares es el último torero que logró cortar cuatro orejas en una misma tarde en Barcelona. Además, es la plaza de Primera Categoría en España en la más ha salido a hombros en toda su carrera.

El último torero mexicano que cortó una oreja en La Monumental fue Joselito Adame en 2009 a un toro de San Miguel. El último azteca que toreó en Barcelona fue Arturo Macías en 2010.

La última Puerta Grande que consiguió César Rincón en España fue en La Monumental de Barcelona en septiembre de 2007. Fue su última corrida en Europa antes de su despedida y paseó tres orejas de un encierro de Núñez del Cuvillo.

Enrique Guillén es el último torero que tomó la alternativa en La Monumental. Fue un cartel internacional, con el colombiano Luis Bolívar como padrino y el mexicano El Payo de testigo, el 16 de agosto de 2009.



LA FUERZA DE LA UNIÓN. BARCELONA VUELVE A TENER VOZ.

El pasado día 19 de Septiembre, el grito de #BarcelonaTaurina sonó más fuerte que nunca en las redes sociales. En un acto a repetir de unión entre aficionados y profesionales del toro, se logró ser TT:



UN CANTO A LA LIBERTAD Y UN EJEMPLO DE LA FUERZA QUE TIENE EL MUNDO DEL TORO CUANDO SE UNE.

 BLOGS Y WEBS QUE SE HAN UNIDO:


AJTE
AMBITOTOROS
ARTETRASELOBJETIVO.BLOGSPOT
ASOCIACIÓN TAURINA DE CANTABRIA
BAILE DE CORRALES
BANDERILLAS NEGRAS
BASMALA (SILVIA BARCA)
BASTONITO
BERRENDITA
BLOG DE TAUROMAQUIA
CADILLACMURCIANO.BLOGSPOT
CASTA Y BRAVURA
CERO COBAS
CORNADAS PARA TODOS
CRISTINA PADÍN
CUADERNOS DE TAUROMAQUIA
DATOROS
DE MANO BAJA
DESCABELLOS BLOGSPOT
DESDE EL TENDIDO DOS
DESDE LA ALCARRIA
DE TOROS
DETOROSYMÁS
DIVISIÓN DE OPINIONES
EL CALLEJÓN.TV
EL DOCTOR 2
EL ESPORTÓN
ELITE TORO
EL LIBRO DE SUE
EL LIBRO DEL ARTE
EL TORO DE CENICIENTOS
EL TORO DE LA JOTA
EN BARRERA ISA MOLINA
ENTRE ARTES
ENTRE EL CAMPO Y LA PLAZA
ENTRE MUSAS Y ARREBATOS
ESCALAFÓN JUAN MEDINA
FERIA DE PERALTA.BLOGSPOT
FOROTOROS
FORO JUVENTUD TAURINA
FOTOS PASQUINA BLOGSPOT
HAGAMOS AFICIÓN
JOSÉ MANUEL SERRANO
JOSÉ LUIS CANTOS TORRES
LA NOSTALGIA DE LA TAUROMAQUIA
LA RAZÓN INCORPÓREA
LA SUERTE NATURAL
LAS COSAS DEL TORO
LETRAS TAURINAS
NOVILLADAS SIN
PABLOLR89
PÉREZ ALARCÓN
PICONERA SEVILLA
POR EL PITÓN DERECHO
POR LA PUERTA GRANDE
POR SIEMPRE TOROS
PORTALTAURINO
PUERTA GRANDE DB
REFLEXIONANDO A LA VERÓNICA
RTVTOROS
SANDRA CARBONERO
SINTIENDO EL TOREO
SINTORONADA
TABACO Y ORO
TLAXCALATAURINA
TAUROPHILOS
TENTAZERO
TERCIO DE QUITES
TERCIO DE VARAS
TLAXCALATAURINA
TODO TOROS
TODO TOROS NOTICIAS
TOREANDO EN LA PORTÁTIL
TOREAR BLOGSPOT
TOROS BARCELONA
TOROS GRADA SEIS
TOROS EN MELILLA
TOROS EN PUNTAS
TORO O NADA         
TOROPRENSA.COM
TOROSSIGLOXXI
VALDEBRAUS


domingo, 22 de septiembre de 2013

Les envidio


Les envidio. Se sientan a tu lado, compartiendo apreturas, y en seis toros te cuentan su vida. Te invitan a una pinta de vino y al chorizo de la última matanza. Te cuentan que les gusta desde niños, que sus padres los llevaban a los encierros, que echaron los dientes junto a la tapia; que en la fiesta grande no pueden faltar los toros. Que Juli puede con todos. Que Perera anda que se sale. Que vaya huevos le echa el pirata Padilla. Que a Talavante le ha dado por cantarle a los toros y forma el lío. Que a Fandiño los cojones le hacen surcos en la arena. Que Morante doblega a los vientos y es de otro planeta. Que les jode no ver a José Tomás. Que el pequeño de sus chavales quiso ser torero pero no tenían cuartos y se quedó en el campo cosechando.

Y aunque cuando ven que tomas nota piensan que sabes más que ellos, les envidio porque ellos ven los toros de una manera transparente en este tinglado indecente en que los estamos convirtiendo.

No tienen internet, ni Facebook, ni twitter. No conocen los blogs, ni las web, ni compran revistas de toros. No nos leen. Ven el Plus en el bar, el solysombra en la copa, y cuando llega la feria tiran de billete y vienen a la capital a chupar calor al tendido, puro en ristre. Ni toristas, ni toreristas. Les gustan los toros, sin más. Aman la fiesta; no son salvadores de nada.

No conocen las miserias de los despachos, la basura de la trastienda, los vetos, las putadas, los pulsos. Les gusta la grandeza de una tarde de toros, la seda y el oro, el rito, el runrún en el aire, la emoción, el sonido de los clarines, el secreto de la puerta de toriles, la verdad de los que se ponen delante y se pasan los pitones por los muslos y por el vientre.

No saben de la usura de las cifras, tanto pa tí tanto pa mí, como aquellos que se jugaron a los dados la túnica de Jesucristo. No conocen los entresijos envenenados de la fiesta. Esta fiesta que torea de espaldas a ellos. Ni falta que les hace. Se la traen al pairo en un país donde todo dios está en la calle y no llegan a fin de mes; donde cobran una pensión de mierda que les da para un descuento en los abonos. Si supieran más, les parecería obsceno hablar de cifras que ellos no han juntado en toda su vida. Paganinis.

No saben del fango que ensucia esta pasión que les cala hasta los tuétanos; de las vendettas, filias y fobias, conmigo o contra mí. Y leña al mono al que se mueva, al que vaya de por libre. No saben de estómagos agradecidos, ni de cabronadas legales en letra pequeña, ni de pliegos, ni de esas cosas que deberían quedar de puertas adentro y salen catapultadas en una competición frenética de ego, a ver quién dispara primero en público.

Estarán ahora de partida; el solysombra en la copa, el tapete verde, las fotos de mil toreros en las paredes. Mus. Lo mismo andan viendo al Molés, sí hombre, el del bigote. O se han venido a Salamanca en el día del patrón.

Llegarán, se sentarán a tu lado. Lo mismo no saben ni quién torea, si va de caballos o a pie. Pero les gusta, sea el que sea y así honran a los que hicieron eterno el toreo. Lo llevan dentro, desde niños, si se criaron en los teleclubs que consagraban toreros en blanco y negro y baile vermouth después de misa.

Compartirán apreturas; te invitarán a la pinta de vino y el chorizo. Vivirán con emociones encontradas sus toros, comentarán los lances, los quiebros y las banderillas con la sabiduría sin carné que da la intuición y seguirán sustentando la afición a su manera, lejos de esta vorágine que salpica al toro desde dentro y lo mata sin necesidad de antis. Y vivirán más tardes así, con esa chica rubia que les tocó al lado con una libreta o aquel periodista que escribía con el móvil entre toro y toro. Gente que debe saber la hostia de esto. Gente leída.

Ellos nunca lo sabrán. Pero yo les escucho y aprendo y me emociono. Les envidio.

Felices ellos, el último reducto de pureza que nos queda.



(El cuadro es de Jesús Villar. Último artículo de la Feria de la Virgen de la Vega publicado ayer en la revista Lances de La Glorieta, que es un recordatorio de otro escrito bajo este mismo epígrafe inspirado en cualquier día de toros y de fiesta. Esta fiesta que torea de espaldas a ellos...)

lunes, 16 de septiembre de 2013

Tiene que ser


Cartel de postín, de figuras. Cartel de ferión en lo que nunca debió dejar de ser un ferión, si Salamanca es la tierra natural del toro por excelencia. Gente guapa en los tendidos, taco en el bolsillo, perfume caro en los bolsos. Domingo sin cemento bajo el sol, mal aparcar en las inmediaciones de La Glorieta. Runrún de ida y vuelta, tumulto, la vida que fluye en torno a una plaza de toros en una tarde de expectación. Hoy tiene que ser.

Cartel de postín, de figuras. Aficionados de siempre, aficionados de pose. Tres figuras; tres hombres que marcan distancias con la mayoría: Hermoso, que convierte a sus caballos en toreros, que hace verdad el toreo a caballo. Manzanares, que sabe a fruta fresca, que torea con estética y empaque, hermoso como un atleta envuelto en la seda, como un dios al que revestir de filigrana para ofrecerle el cielo por si le da por tocarlo. Talavante, que es un pirado de la cosa, más allá; un enamorado del toro, que se inventa genialidades en la arena y que lo mismo torea por bulerías que canta toreando o se saca unos naturales sobrenaturales como aquellos naturales eternos que pegó en Zaragoza, que aún no se han terminado.

Cartel de figuras. Gente guapa en los tendidos. De gintonis roneando las gargantas. Esos gintonis que son como banderas vaticanas en vasos de plástico santificando la fiesta. Pijerío y aficionados de a pie. Entendidos de nuevo cuño y sabios que dictan lecciones de vida desde el silencio. El milagro del mestizaje, arriba y abajo, sombra y sol, barrera y andanada. Los móviles ardiendo. Twitter escupiendo la tarde minuto a minuto en 140 caracteres. Apretones de manos antes del paseíllo. Una firmica por aquí. Reencuentros, idas y venidas. Gentío en el patio de cuadrillas, revuelo en la puerta. Que llega fulano. Foto al canto. Los rezos en la capilla. Tarde de toros. Hoy tiene que ser.

Color sobre el cemento y color en las billeteras. Tela. Alegría. ¿Quién dijo crisis?. Bolsos de capote, pulseras bordadas en oro, alamares. Melenas brillantes, gafas de sol de actriz de los sesenta, pantalones y corbatas imposibles, talibanes siguiendo a sus ídolos como seguían a Cristo los apóstoles. Agosto de cacahuetes y cocacolas por los tendidos. Escotes en los que asomarse a un continente, gomina a tutiplén, taconazos, abanicos, pañuelos en el bolsillo. Alegría. Expectación y esperanza. Jóvenes en busca del milagro, ávidos de ver, de saber, de sentir; cabales y escépticos, niños que sueñan el toreo; ancianos que añoran; novatos que no saben que hoy, precisamente hoy, pueden quedarse atrapados para siempre en este veneno, en esta sed que ya nunca se apaga. En esta fiebre que no se cura. El toreo.


Cartel de postín. Hoy vienen las figuras. Color en los tendidos. Domingo de toros en La Glorieta. Gloria de domingo en esta tierra de toros. Tiene que ser.

(Artículo publicado hoy domingo en la revista Lances, que se reparte en La Glorieta. La foto, íntima, preciosa, es de Juan Pelegrín. Una figura de la cámara)

domingo, 15 de septiembre de 2013

De madera de roble


A Castaño, de tanta sequía, de tanta sombra, la madera se le volvió de roble. Fuerte como un roble. Tanto, que se encerró con seis de Miura y salió tocando el cielo del coliseo romano de Nimes, donde hace siglos los hombres se batían contra los hombres para salvar o para perder la vida, gladiadores contra gladiadores, cara o cruz.

Fuerte como un roble. Fuerte hasta el punto de medirse con los más fuertes tarde tras tarde. Los hierros más duros, los nombres de la leyenda, esos que algunos pronuncian con miedo, esos que otros no quieren ni ver. Fuerte. Fuerte hasta el punto de hacer de su cuerpo un mapa de cornadas y contusiones y volver a ponerse en pie para seguir sumando tardes sin volver la cara, sin dejar en blanco tardes marcadas en seda y oro en su calendario. Ni un paso atrás. Por los días de sequía y de sombra. Por aquellos días que le volvieron la madera de roble, sin  enmendarse, vertical.

Fuerte como un roble y generoso como los árboles que dan fruta sin importarle quién quiera calmar su hambre a mordiscos. Generoso con la estirpe del toro, luciendo su galope cuando va al caballo, recuperando lo que siempre fue la suerte de varas, allá donde se medía sin simulacros la bravura, el empuje, los riñones apretados, las ganas de más pelea cuanta más pelea encuentra, creciendo cuanto más crece el castigo. Generoso donde los demás son cicateros. Cuadrilla de oro de hombres de plata, plata de ley, a ley, las plazas en pie, la ovación a los que siempre quedan en la trastienda.

A Castaño de tanta sequía, de tanta sombra, la madera se le volvió de roble. De una sola pieza, inquebrantable. Entero, íntegro, masticando despacito los días de triunfo después de apretar los dientes contra el polvo sin morderlo y crecer, madurar en el silencio, en los días de olvido y soledades, que son necesarios para conocer después la alegría y la gloria, para separar el grano de la paja, los palmeros de los amigos, los que siempre estuvieron de los que se suben al carro de los caballos ganadores.


Castaño se hizo fuerte como un roble. Y se mide con los más fuertes, con toreros que tienen madera de torero, madera fuerte de roble que no se astilla entre las astas de los más fieros. Y si se astilla, se recompone. Y sigue creciendo, sin sombra y sin sequía, de poder a poder, con los pies clavados en la tierra, que es donde hunden las zapatillas los hombres cabales, los que de cuando en cuando rozan lo alto y saben de su valor porque también han apretado los puños llenos de arena. Como un roble de raíces profundas que roza con sus hojas altivas la frágil línea donde comienza el cielo.


(Artículo publicado hoy en la revista Lances, que se entrega en La Glorieta. La foto es de la mirada mágica de Juan Pelegrín)

sábado, 14 de septiembre de 2013

De la tierra


Hay quien dice “toreros de la tierra” como si la tierra menoscabase el peso, como si la cercanía, lo cotidiano fuese en detrimento del valor de los que se modelan con la misma arcilla de uno, aunque siempre son de distinta pasta.

Toreros de la tierra que quisieron hacerse toreros viendo fotos de Su Majestad, de Capea, de Julio Robles en las paredes de los bares que frecuentaban sus padres, en la memoria de los aficionados cabales, en las enseñanzas de una Escuela Taurina que mantiene viva la ilusión de los que quieren ser toreros. Toreros de la tierra que lo mismo un día se perpetúan para siempre en bronce junto a La Glorieta, esa plaza donde los toreros de la tierra se aprietan más fuerte los machos y sienten más reseca la garganta, el peso plomizo de los tendidos, el calor del aplauso, el bofetón del silencio.

Toreros de la tierra que conocen la geografía de la provincia como las mismas líneas de su mano, trazando de tentadero en tentadero el mapamundi de las ganas, la ambición de ser alguien en esto, el hambre de codearse con los de arriba. Para que llegue el día en que Salamanca los contemple con orgullo y funcione el boca a boca: “ahí va un torero”. De la tierra.

Eduardo Gallo lleva escrita en sus formas la elegancia urbana de la tierra salmantina, esta tierra donde las torres surgen del Tormes como agujas macizas que siempre apuntan a lo alto aunque nunca terminan de romper el cielo. La clase y la quietud de la piedra dorada cuando se deja acariciar mansamente por el sol del mediodía y Salamanca es un continente de belleza y de sueños. Lo tiene en las manos. Puede. Tiene que ser.

Pedro El Capea echó los dientes junto a las encinas, jugaba a los toros, mamó los toros y supo por boca del mejor de los maestros que esto no es un capricho. Que uno se juega de verdad la vida si se pone delante y que cada cicatriz es un recordatorio de lo cerca que están los hombres de perderla cuando se pasan al animal por el vientre.

Para Del Álamo este viernes 13 será el viernes maldito: un paseíllo sin hacer, maldita la hora del pisotón, ahora que anda haciéndose un hueco entre los de fuste, sin prisa, con la suerte de cara y la recompensa al esfuerzo.

Son toreros de la tierra, pero no son menos toreros. Toreros de una tierra que ha parido genios y modestos, figuras y aspirantes. Una tierra por la que circula el pulso, la sangre, el veneno del toreo. Y los toreros de la tierra son la voz de la tierra, el cántico del toreo que nunca se acalla, las ilusiones, los sueños, el engranaje que hace posible que nunca se apague el milagro de la esperanza, hambre de figuras entre el paisanaje que no cesa.



(Eduardo Gallo, que ha abierto hoy la puerta grande en Salamanca, tan torero, fotografiado por el gran Juan Pelegrín. El artículo ha salido publicado en la revista Lances, que se entrega en La Glorieta)


viernes, 13 de septiembre de 2013

A su bola



A su albedrío. Me encantan las plantas y los árboles que crecen a su bola, que echan raíces donde quieren, sin pedir permiso, sin nadie que los riegue, ni los domestique ni los doblegue, porque cuando despuntan en flor o dan fruto desafían con su vida a la misma vida, se imponen sobre lo que no prospera en terreno hostil, sobreviven en territorio comanche.

A su bola. Como todo lo que se salva de la criba de los jardineros sin alma que programan la primavera y el verano y el otoño a su antojo; que podan de un tijeretazo el futuro y las oportunidades sin que les tiemble el pulso; que deciden hasta dónde puede alcanzar altura la naturaleza, ponerle cotas a lo que no tiene techo, echarle el cerrojo al aire, que nunca se sabe dónde termina.

Iván Fandiño se hizo torero porque nació torero. Es torero como una planta sin dueño y sin tierra; como un árbol que crece a su bola, al margen de padrinos y trapicheos entre despachos, intercambios de cromos, trueques y contrabando de nombres. Capitán de sí mismo, como esas plantas tercas que cuando despuntan en flor o dan fruto desafían con su vida a la misma vida. Y crecen. Y se imponen. Se impone cada tarde como un árbol altivo, un árbol con madera de figura, sembrando de triunfos la tierra yerma de la incertidumbre, el camino de espinas que dista entre el anonimato y un pedazo de gloria arrancado a mordiscos, ofreciéndose en la arena como una hostia consagrada, sin reservarse un centímetro cuadrado de piel, una pizca de alma. A su albedrío. Todo o nada. Sí o sí.

Insolente frente a la herida, pactando a cara o cruz esos terrenos donde siempre se mancha la seda, donde es casi imposible salir ileso del navajazo que no por presentido no se hace cierto sobre las carnes y las rasga como papel de fumar. A su albedrío, dueño de su hambre y de sus dolores. Dueño de su ambición y de sus sueños.

Me encantan los que sobreviven a golpes de intuición y de ganas, de corazón y de dignidad, ni contigo ni contra ti. Sin más sombra que le cobije que las verdades recitadas al oído de quienes se hicieron fuertes con ellos, siempre solos pero siempre cerca, palpando la tierra, masticando la amargura antes de rozar el cielo en las tardes en que la gloria se puso de su parte. Hombres que no se anuncian pero siempre están. Néstor. A su bola. Hombres que también apostaron por ese pedazo de tierra sin dueño donde crecer sin cortapisas, agua para la sed, abono del alma en tardes de miedo y de soledades.


Esas son sus credenciales, el peaje de quien va de por libre y se hace grande. Bienvenido sea aquel capaz de crecer a su bola, sembrando respeto sin doblegar la espalda.ç


(Artículo publicado hoy en la revista Lances de La Glorieta. Desconozco de quién es la foto, maravillosa. Si alguien lo sabe que lo indique, para firmarla con el nombre de su autor, un artista tras la cámara)

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Asomándose al futuro


La Plaza Mayor de Salamanca se llenó de niños y de sueños. Pequeños con sus capotitos y sus muletas, toreros de andar por casa que nunca fueron, aficionados que se sintieron toreros por un día, la voz del maestro Capea en el aire, como el mismo aire, que nunca se apaga pero es necesario para que la vida continúe.

Algún día esos niños se aferrarán al sueño. Serán. Llegará el día. Lo dirán en voz alta: “quiero ser torero”. Y se formará el revuelo en la casa, y se acelerará el pulso de lo cotidiano y comenzará la vida bajo el prisma de quien sabe que se la juega cada tarde.

Quiero pensar que alguno de ellos traspasará las puertas de la Escuela Taurina paralela a la escuela de la vida, donde dejan su sello Juan José y José Ignacio, que tantas tardes dictaron sus lecciones ante los tendidos. Que algún día querrán ser como esos toreros de la tierra que se vistieron de paisano para jugar al toro con ellos iniciándolos en el misterio y en la magia, que no sería posible sin el dolor de las decepciones, sin la soledad de las tardes sin gloria.

Que pelearán con un puñado de cachorros por el mapa de los bolsines del invierno con hambre de ser, con hambre de victoria, con ambición de sentirse. Que intentarán escribir su nombre en los carteles mientras los gusanos blancos, laboriosos, tejen la seda de su primer traje sin remiendos, leve como el vuelo de una mariposa, chispeante como una moneda recién acuñada.

Que algún día pisarán el albero de La Glorieta o de cualquier plaza del mundo y se ganarán a mordiscos un puesto en esa novillada para la que siempre hay una primera vez, aunque la crisis y los recortes hayan cercenado tantas oportunidades.

Que antes de hacer la cruz en la arena y echar el pie, mirarán a los tendidos con los ojos de aquellos niños que soñaban el toreo con sus capotitos y sus muletas guiados por la voz del maestro Capea, arropados por los toreros de la tierra al pie de los soportales de la Plaza Mayor. Que emprenderán ese primer paseíllo con la certeza de que se puede rozar la gloria recorriendo una senda de espinas que dejan de doler el día que te elevan sobre los hombros del resto de los hombres y el cielo queda más cerca, tan a mano.


Salamanca asomándose al futuro.


(Artículo de opinión publicado hoy en la revista Lances que se reparte en la Plaza de Toros de Salamanca, con la que colaboraré toda la feria. La foto es de www.chopera.com)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Era nueve en el calendario

(A Rafael de Paula, en el 53 aniversario de su alternativa)

Era nueve en el calendario. Un día nueve como hoy. Dos maestros en la arena, dos leyendas seda y oro, Aparicio y Ordóñez, nombres eternos entre los aficionados de todos los tiempos.

Cincuenta y tres años desde aquel nueve. Un día nueve como hoy. La historia de toda la tauromaquia en el trayecto desde aquel nueve. Ya nunca nada después. Ronda en su atalaya, tan hermosa, escupiendo calor y septiembre, esperando como una novia vestida de siglos el milagro, sin saber acaso que el milagro tenía nombre propio.

Rafael rompiendo el aire como una saeta del barrio de Santiago en los días de la Pasión y la Pascua. Rafael bulería, tan sin tiempo, tan sin ataduras, tan a su albedrío como un corazón sin concierto. Rafael erigido sobre el albero, nuevo como una moneda recién acuñada. Eje de los sueños y de los suspiros, de todo lo intangible, de lo que no tiene cuerpo, de lo que no se ve. Rafael oscuro, gitano, azabache pulido por el genio, tan altivo en el secreto.

Rafael ahí, tan torero, tan de nadie, brotando de la misma tierra, inventándose los vientos y los mares, como un continente emergiendo de las aguas, tocado por quién sabe qué dios, inmortal en los vuelos del capote, inabarcable. Rafael en majestad como un Cristo que vence a la muerte antes de pasar por la Cruz, antes de apurar el cáliz del dolor y ofrecerse entero ante los hombres. Éste mi cuerpo. Ésta mi sangre. Con sus rodillas de cristal quebrado y sus muñecas capaces de sostener el mundo.

Nueve de septiembre. Un día nueve como hoy. Rafael reescribiendo la historia, reinventando la tauromaquia del siglo XX, y la de antes, y la de después. Ya nunca igual. Ronda altiva escupiendo septiembre, ungiendo ante el mundo a un torero de Jerez, el genio, el cántico, la hondura, el prodigio. Ya nunca se entendería el toreo así pasasen los siglos.

Rafael de Paula, mi Rafaé, abrochándose el universo en la cintura, esculpiendo verónicas eternas en el albero primerizo de Ronda.

Bendito seas, Rafael de Paula.

viernes, 30 de agosto de 2013

León Fandiño


Lo bautizaron Iván, pero podía haber sido León si ya corría por sus venas el instinto felino de quien sobrevive en los medios más adversos, en los más duros. Corazón de león, ambición de león, majestad de león en la jungla del toreo, esa donde los bocados erosionan el alma y las ganas de tantos como se quedan en el camino.Tan difícil, tan hijoputa, con tanta hiena por las esquinas.

León Fandiño aprendió a sobrevivir en la jungla de las plazas modestas y los despachos podridos, en las tardes de toros mastodónticos y gloria escasa, en la soledad de las habitaciones antes de que el éxito las llene de palmeros y lameculos. En su cabeza, el sueño. Ser torero. Ser torero de los de arriba. Ser Iván Fandiño. El de Orduña.

Ser león en los carteles, en la jungla de cientos de nombres que aspiran a un hueco con letra grande, a un bocado del pastel de la gloria. Y al oído la voz amiga de Néstor, esa voz sin más dueño que su amo, ese brazo donde apoyarse en el descanso del guerrero, en el silencio de las noches sin luna, de las puertas cerradas, de los dientes apretados, la rabia, la impotencia.

Sobrevivió y se hizo león al márgen de los intercambios de cromos y de los padrinos de la cosa nostra sin volver la cara ante los hierros más duros, esos que otros no quieren ni pronunciar. Un triunfo, un pasito. Y otro. Y otro. Y otra tarde. Y otra, y otra más. Y sangre, y fuego y sudor. Y la sábana horizontal de los hospitales, y la chaquetilla de seda esperando en la silla, el teléfono siempre abierto y el corazón desbocado por volver a la pelea. Por ser león en el planeta de los toros.

Nació león aunque lo bautizaron Iván. Un león capaz de encajarse entre los pitones de los bravos como quien sabe que ahí, en ese espacio de apenas unos centímetros de anchura, conviven la vida y la muerte, la luz y la sombra, el éxito y el fracaso. Ser león o no ser nada. Un león de poder a poder con el rey de la dehesa, ése que de un pitonazo te pasaporta al hule o a la gloria. El peaje que pagan los héroes.

Me emociona por eso cada triunfo de Fandiño, cada zarpazo sobre las mesas de los despachos, cada tarde ganada a mordiscos con poderío, ganas, valor, ambición y corazón. Lejos del sistema, más allá de la jungla que devora sin piedad a los que no nacieron leones en la selva, que sólo perdona a los más fuertes.

Gracias, León Fandiño, por tu honestidad. Gracias por ser, por sentirte, por saberte torero. Gracias por honrar cada tarde la seda que te acaricia la piel.

Gracias por no olvidar en cada paseíllo el silencio de las noches sin luna, las puertas cerradas, los dientes apretados, la rabia, la impotencia, ahora que tienes la llave de la vida en tus manos.


(La foto es de Juan Pelegrín, que me explica que el original está invertido)

jueves, 29 de agosto de 2013

Islero iba cargado de amor


Pasaban unos minutos de las cinco de la madrugada. 29 de agosto, amaneciendo. Un 29 de agosto que nunca sería, sol sin resquicio por las ventanas. La muerte sobrevolaba la sábana, el aire enrarecido de un hospital sin médula. La inmortalidad insuflando vida por el triángulo de Scarpa, esa puerta maldita que abrió con llave certera el pitón de Islero.

Dice un amigo sin nombre, sin probaturas ni enmienda, que iba Islero cargado de amor. También el amor es la muerte si cuando te abrazo siento que me estoy aferrando a la vida y cuando no estás deja de girar la tierra. El amor es la muerte si cuando te tengo enfrente miro a los ojos a la vida y cuando no estás se apaga la luz del mundo. Y duele tanto que deja de doler y eso es la muerte.

Islero negro, sin memoria, muriendo matando, matando muriendo, rubricando la vida para siempre desde el amor de la muerte, desde la bravura de Miura como un puñal en un corazón enamorado, en una femoral latiendo deseo. La caricia, el castigo.

Aquellos tendidos de feria y fiesta. La tarde inmortal en blanco y negro, el pulso acelerado. Aquella enfermería. Las calles desiertas del mediodía. Linares, la canícula de cada agosto igual que el agosto pasado y el agosto anterior. Amanecía 29 sin amanecer ya nunca.

Madrugada de plomo y de espera, luto presentido por las esquinas, duelo, tabacazo gordo. Carreteras sin destino, sangre sin células. Ríos de tinta sin desbordarse, vigilia, lágrimas por un torero y miles de gargantas apresadas en la emoción de la muerte, que raspa hasta los tuétanos; en el dolor que devora las palabras. Islero iba cargado de amor.

Silencio contra el amanecer. Las cinco rompiendo el alba. Silencio. Y un beso invisible en cada párpado. Amor de cárcel y entrañas, Angustias, mortaja, los brazos de la madre. Amor en el filo del hachazo; la libertad, la frescura de la boca de Lupe.

Lupe. Ella. El desgarro al otro lado de la pared, sin puertas al último beso. La sábana fría de cada amanecer después de este amanecer sin encenderse. El nombre apretado contra los dientes. Manuel. La soledad de la carne, el precipicio en el alma. Ese amor que no canta de tanto que hiere. Y después el olvido, la maldición de las mujeres que decidían ser libres en tiempos de ataduras.

Como una aguja apuntando al cielo; una aguja a las doce en punto aunque dieran las cinco de penumbra, Manolete ascendía vertical de la arena de Linares a la gloria. Aguja de de seda y oro cosiendo la leyenda enjuta de las carnes prietas, tanto silencio, la mirada baja, aquella tarde, Linares en el mapa de lo imposible. Córdoba ya nunca.

Islero cargado de amor y de muerte, que son la misma cosa si no me abrazas, si no te miro, si no te tengo. Y en el lecho ya sólo carne y hueso; las venas rotas. Sólo el hombre, cuerpo sin alma que vuelve a la tierra para ser tierra, mármol esculpiendo memoria.

Pasaban unos minutos de las cinco. Amanecía 29.

Manolete ya estaba más allá del tiempo, más allá de la muerte. Vivo para siempre, dos besos invisibles en los párpados.

Islero, también muerto, también vivo, iba cargado de amor.



(Para el maestro Villán, mi condesa Carmen y un anónimo sin probaturas que me regaló este título sin saberlo una noche en twitter. La foto es de internet)

martes, 27 de agosto de 2013

Yo no te olvido, Alfonso Navalón



Han pasado ocho años y de cuando en cuando miro la agenda, ese número guardado en la N que empieza por 923, prefijo Salamanca, y espero sin borrarlo por si un día suena. Y me dan ganas de llamar por si respondes desde ahí arriba, como te escuchaba desde Cádiz y cerraba los ojos para ver desde la orilla del mar la piedra dorada de Salamanca, las encinas de El Berrocal, el fuego amoroso de Perico y Ángela, aquel último paseo junto a las aguas atlánticas, las urdimbres de las dehesas y cercados que conocías como nadie, como si los mismos dioses te soplasen al oído un viaje a los toros del sol y de la escarcha.

Toros del norte y del sur, los cuatro puntos cardinales en las astas, los siete mares en la estirpe brava, la rosa de los vientos en la tinta de la pluma, el pañuelo en el bolsillo, en cigarrillo en las manos; el aguijón en la lengua, la claridad en la frente, deslumbrante, acojonante. La verdad descarnada, la poesía sin trampa en las teclas de la vieja máquina de escribir.

Como si los mismos dioses hubiesen trazado en la palma de tu mano el mapamundi de la piel del toro, la sed de agosto, el hambre de los que sueñan, la boca reseca de miedo junto al ladrillo, las cosas que no se cuentan, esa manera de ser y sentirse, de saberse. Tan alto siempre. Prosa de hiel y terciopelo, mala hostia y ternura a partes iguales y el prodigio de la palabra amasada en el fuego lento de la memoria y de la vida. Nadie como tú. Nadie.

Han pasado ocho años, aquel agosto, aquella voz cada vez más frágil, el pecho atravesado por un puyazo a traición, puto cáncer, tabacazo en el alma sin anunciarse. Orfandad, sed de saber, de aprender, de discutir, de admirar. Y después, nada. Nadie. Sólo el silencio de la vieja máquina y el latido tan vivo de la palabra.

Miro la agenda. Agosto, 27. Esa N mayúscula, imborrable. Irrepetible. Tu apellido. Ese prefijo. Y busco el abrazo que dejé guardado en mi maleta de regreso aquel agosto; ese abrazo último que nunca se da, como esa copa última que nunca se bebe, cáliz de amargura, vino fermentado en muerte, mientras desandaba kilómetros de la Tacita al Tormes y tú ya volabas desde la tierra a los toros de lo eterno, esos que algún día escribiremos al alimón todos los que vivimos este veneno, esta gloria, así en la tierra como por las esquinas del aire.

To no te olvido, Alfonso Navalón Grande. Tan grande. Tan grande.


(La foto está tomada de www.salamancaactualidad.com)

lunes, 26 de agosto de 2013

De una en una

(DE TOROS Y TELEVISIÓN)

Fuimos miles, millones de aficionados, los que celebramos el año pasado la vuelta de los toros a TVE como parte de una normalización de la tauromaquia en la sociedad. Como si así se le devolviese a los ciudadanos su derecho a ver, a saber, a elegir y a decidir. Como si se intentase limpiar públicamente la cantidad de mierda que se vierte a diario sobre la tauromaquia a base de desinformación y demagogia.

El ente público (ese que pagamos todos, incluso los taurinos) ha emitido hoy un comunicado confirmando lo que ya era un secreto a voces desde hace varios días: la emisión, el próximo 1 de septiembre, del mano a mano Morante-Talavante (si el genio de la Puebla se recupera) con toros de Zalduendo en Mérida. Que irá, seguramente, acompañado de un reportaje en Informe Semanal que también es un secreto a voces en un mundo donde no existen los secretos.

Y lo hará porque, como ocurriese el año pasado, toreros, ganadero, empresarios y el "coñolabernarda" ceden sus derechos de imagen para abaratar costes de producción. Será que los millones de euros que cuesta retransmitir la Vuelta Ciclista a España dejan temblando los fondos de la cosa pública, esa que pagamos todos. Incluso a los que no nos gusta el ciclismo.

Díganle ustedes, por ejemplo, a dos equipos de fútbol que renuncien a sus derechos de imagen en la transmisión de un partido, que ya lo transmitieron. ¡Buenas tardes!

Si, como anuncia TVE en un comunicado, "tratar con normalidad" los toros en la televisión pública se reduce a la transmisión de un festejo por año, apaga y vámonos. Y no porque uno, sólo uno, no sea bienvenido (sólo falta que los taurinos carguemos contra la tele porque emite un festejo y al final reivindicar mayor presencia se vuelva a la contra), sino porque es insuficiente e incumple la declaración de intenciones anunciada en 2012.

El año pasado los taurinos alcanzamos en una sola tarde una audiencia que para sí quisieran muchos de los programas producidos y financiados por esa santa casa. Entonces todos celebramos la vuelta de los toros a la tele pública en recuerdo de aquellas tardes en blanco y negro y camilla, el tapete de ganchillo, el calor de los abuelos, tantas voces, tantas figuras que dictaban lecciones de tauromaquia frente a las cámaras. Nombres que ahora se nos antojan míticos que sustentan la memoria de nuestros padres y las urdimbres del toreo de siempre, del toreo eterno.

Un año han tenido para hacer verdad las promesas que traía aparejadas la vuelta de los toros a TVE: promoción, difusión, didáctica y transmisión de un puñado de festejos destacados de la temporada. Selección, siempre. Un año en barbecho mientras los aficionados han tenido que recurrir de nuevo a canales de pago -tampoco había lugar para una guerra- para poder acceder a los tendidos de las ferias donde sus bolsillos, jodidos de agujeros, ya no llegan.

Bien es cierto que creció Tendido Cero y que ocasionalmente se cuela información taurina en los telediarios. Pero no normalizada, sino de forma esporádica y casi siempre con percances de por medio. El morbo de la sangre. El precio de los héroes. ¿Tanto hubiese costado un seguimiento, al menos, de las principales ferias de la temporada?

Sólo en el mes de agosto se celebran más de cien festejos en el país. Si tratar con normalidad los toros es emitir una tarde al año, señores del ente público, me parece muy insuficiente esa generosidad políticamente correcta. Que pagamos todos, incluso los taurinos.

Y no me llamen desagradecida. Bienvenida sea la transmisión de Mérida y los esfuerzos de los profesionales  y compañeros que intentan que los toros tengan mayor espacio en la tele y en la radio pública. Pero si tratar con normalidad los toros es transmitir una corrida al año, no me siento en deuda con quienes dirigen sus destinos.


(La foto, que me encanta, es robada de internet. Disculpas a su autor, que desconozco)



lunes, 12 de agosto de 2013

Duele Morante


Existe un hombre en el mundo capaz de abrochárselo a la cintura, de detener el tiempo bajo su sombra.

Duele Morante. Pero no duele esa carretera de sesenta centímetros abriendo sus carnes como una fruta macerada. Ni siquiera la certeza de que hasta los dioses caen vencidos como si fuesen hombres, sólo hombres.

Duele Morante. Duele. Pero no duele postrado mientras ríos de tinta corren igual que la sangre, calientes, imparables, cantando, contando: tres horas, tres trayectorias. La foto, el vértigo. El tributo siempre al filo de la muerte. La vida latiendo en el muslo, el pitón hundido en miles de gargantas, en miles de corazones.

Duele Morante. Duele. Ahora, siempre. Duele en pie, clavado como una aguja apuntando al cielo. Duelen sus muñecas acariciando el aire; duele tanta belleza incomprensible.

Duele Morante eterno, Morante en el instante, enorme, inabarcable, esculpiendo en el albero una media que nunca termina. Duele Morante con la cintura rota, con el alma quebrada vaciándose en un capote que traza en sus vuelos el eje del mundo.

Duele Morante con el mentón hincado en el pecho y la zapatilla enterrada en la arena. Duele Morante como un árbol que extiende sus ramas desde el centro del ruedo y abraza el mundo, y se lo abrocha a la cintura y se echan a andar de nuevo los relojes como si hubiese sido mentira el milagro, que siempre permanece, intangible como la fe.

Duele Morante horizontal sobre su herida. Duele agosto sin Morante. .

Duele Morante vertical. Como era en un principio. Ahora, siempre.

Duele escribirte. Duele contemplarte, saberte inmenso sobre el resto del mundo.


(Duele tanto que esta vez los dioses, envidiosos, miraron para otro lado. Salud y larga vida, torero)

lunes, 27 de mayo de 2013

Torero de Puerta Grande


El ojo atento al palco. La boca entreabierta después del esfuerzo, como un Cristo en el último aliento. El sudor empapando el cabello. Una mano amiga en el hombro. La amargura contra las tablas. La decepción. La rabia. Y esa toalla tan blanca lavando, aliviando la vergüenza torera desbordada por los poros. Tan torero. Así retrató ayer Juan Pelegrín a Alberto Aguilar.

El alma rota. Desfondado. Con lo que cuesta llegar hasta aquí, me cagüentó. Expoliado, robado en lo más íntimo, donde las orejas importan una mierda, donde lo que importa es lo que rasca, lo que duele, lo que late. Vencido, después de estar hecho un tío, impecable de colocación y temple, despejado de cabeza, sobrado de valor y de conocimiento, generoso hasta el punto de poner la otra mejilla. Inclinando la cabeza, después de haber crecido nosécuántos centímetros ante los de Montealto. Azul y oro de veinticuatro kilates. Torero.

No andan las cosas para ir robando. No andan las cosas para ir negando un pedazo de legítima gloria a un tío que se la juega, que se inventa una isla de albero en medio de la nada, una puerta grande después de entrar por la puerta de la sustitución de un torero con la cruz del toreo a cuestas, Fernando Cruz.

No andan las cosas para dejar el toreo en manos de dictadores que se pasan por el forro la voluntad popular. Por sus cojones. Que convierten el alma de las plazas en hormigón sin vida, que desoyen el grito unánime de miles y miles de pañuelos ondeando al viento. Pa cojones lo míos.

Un torero, Alberto Aguilar, se rompió en Las Ventas. Se rompió por dentro, que es como se rompen los que no se guardan nada, los que ofrecen todo, hasta la misma vida, en una arena teñida de la sangre de otro torero, Chechu, veinticinco centímetros de tabaco gordo.

Pero la sangre de los modestos no mancha, ni las orejas de los que van de por libre importan, aunque Madrid rugiese como sólo ruge Madrid, con la emoción a flor de piel, con esa verdad honda del toreo rascando en la garganta. Miles de voces frente a un presidente que se hizo el sordo. Por sus cojones.

No están las cosas para despreciar la voz unánime de los aficionados. Aunque vista más encumbrar a las figuras y despachar con una orejita a los pequeños sin padrinos de los que mandan en la cosa. Y todos tan contentos. Mentira. Pura mentira frente a tanta verdad.

No están las cosas para robar, para restar, para encabronar, para quitarle gloria a esto del toreo. Para pegarle una cornada a un torero de las que duelen sin sangre, de las que no cicatrizan.

Alberto Aguilar salió por la puerta grande de la voluntad de los aficionados. Por la puerta grande de las emociones, de la verdad sin trampas del que se la juega. Por la puerta grande de los toreros que demuestran que son toreros y nos emocionan, y nos hacen creer de nuevo en esto.

Torero de Puerta Grande. Aunque un fulano revestido de autoridad, un ladrón de sueños, le robase la Puerta Grande de Madrid.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Un imbécil le gritó a un torero

(Dios te guarde, IVÁN FANDIÑO)



Escribo esto en caliente. Caliente como la sangre de Iván Fandiño, que ahora mismo está en la enfermería de Las Ventas, pagando el tributo de ser, de sentirse, de saberse torero. Caliente como ese tabacazo que le ha pegado un bravo toro de Parladé cuando entraba a matar como se tiran a matar los toreros, sin trampa ni cartón, ofreciendo la propia vida, las carnes, el alma.

Iván Fandiño en torero. Torero. Torerazo. Firme, valiente, con los pies asentados, con el alma en las manos. Calentando los tendidos y las almas en este San Isidro tan frío y tan desalmado. Torero. Torerazo.

Escribo esto en caliente, mientras los cirujanos andan recomponiendo a Iván Fandiño por dentro, después de sostener en su muleta miles de almas, miles de gargantas. Firme, valiente, importante. Azul marino y oro. Torero.

Un imbécil andaba suelto por los tendidos. "Este toro se va sin torear", le gritó el imbécil al torero. Imbécil con 'eme' antes de 'be'. Imbécil de esos de masticar la 'eme' para que sea más rotunda la cosa. Un imbécil de esos imbéciles que se piensan que en el precio de la entrada va incluido el derecho de insultar a un torero.Un imbécil que no supo siquiera respetar esa liturgia, ese silencio, esa emoción, esa tensión que precede el momento en el que el torero se cuadra frente al toro con la espada en la mano y se la juega a cara o cruz. Y después, que sea lo que Dios quiera.

Ya está bien de tanto imbécil suelto. Ya está bien de ir a la contra, de tanto catedrático con el culo pegado al cemento. Ahí no cogen los toros. Los toros cogen abajo; los toros le cogen al que se pone delante. 

Ya está bien de faltarle al respeto a los que se están jugando la vida, hayan estado mejor o peor; bien, regular o rematadamente mal. Los imbéciles desconocen que el juego del toro tiene sus reglas, tiene sus tiempos, tiene los momentos en los que protestar, pitar, opinar, llevar al olvido o a la gloria. Por eso es tan grande, tan democrático. Por eso todos opinamos.

Un imbécil andaba suelto por los tendidos. Tan imbécil que su grito de imbécil fue el preámbulo de la cornada, mientras Fandiño se la jugaba muriendo matando, matando muriendo si hacía falta.

Escribo en caliente mientras un torero sigue en la enfermería porque un toro le ha atravesado el muslo. Hoy el blog está para poca poesía. Escribo en caliente mientras a Iván Fandiño le taponan el boquete por donde en cada minuto, en cada instante de su vida, puede escapársele la misma vida.

Salud, Iván. Salud, torero. Que el dios de los toreros te guarde.


(Como en este blog no tienen cabida las fotos de las cornadas, de nuevo recurro a una maravillosa foto de Juan Pelegrín. Iván Fandiño en luz. Como esta tarde. Tan torero.)

domingo, 19 de mayo de 2013

Un torero de espaldas


No he querido leer nada sobre lo escrito en la tarde de ayer. Sólo mi memoria y mis tripas.

La tarde de ayer. La tarde de Talavante y de los Victorinos. La de las Ventas a reventar. La de las decepciones y los silencios. La de las ilusiones rotas. La de la soledad inmensa del que apuesta a cara y sale con la Cruz a cuestas por un víacrucis de albero ante veintitantas mil almas quebradas, jaleando. Crucifícale.

Sólo he entrado de puntillas en el blog de Juan Pelegrín a mangar una foto que resume lo que fue la tarde, con un toro yéndose, medio toro en la foto, y un torero de espaldas, impotente, desbordado.De espaldas, como si nada hubiese venido de cara en la tarde del ventarrón y el frío.

No hubo buenos ni malos. Ni toros. Ni torero. Ni tienen razón esos que parece que se alegran de que la tarde fuese en picado. Ni los que tapan lo que ni el propio torero pudo o supo tapar. Un torero al que respeto hoy igual que ayer.

Hoy, supongo que roto por dentro, como se rompen los que se embarcan en una apuesta tan cara como la misma vida y no pierden la vida pero pierden el todo o nada contra toros que no fueron los toros que se esperaban. Roto como el que pierde la apuesta contra el espejo, que es la apuesta más jodida, a solas con uno mismo.





Tendido de sombra y gintonic en un bar de Ledesma. Tendido abarrotado de gentes del campo, sin esnobismos, con callos en las manos y muchos años a las espaldas. Gente curtida junto a las dehesas, mamando toros, viendo toros, conviviendo con los toros. Gentes que guardaban un silencio reverencial ante la pantalla de plasma como si estuviese el Papa impartiendo la Urbi et Orbi desde el balcón de San Pedro.

Silencio. Respeto. Y de cuando en cuando el murmullo en la mesa de al lado: ese toro no parece de Victorino; este no sabe por dónde meterle mano; si este toro no fuese de Victorino quemaban Madrid; éste no estaba preparado para una encerrona así. Y otra vez el silencio. Y el calor del carajillo.

Silencio. Ese silencio de quienes esperan y se van para casa con las ganas. Y el triunfo claro de quien se embolsa unos tendidos llenos de gente y vaciándose de alma. Glin, glin, glin, haciendo caja. Otra encerrona de poca gloria, poca chicha, poco oficio ante unos cárdenos que tampoco le hicieron los honores a su estirpe. Ni el aire ni puñetas. La tarde también estuvo de espaldas.

Otros hicieron la gesta más curtidos, más toreros, más veteranos. Ruiz Miguel, Andrés Vázquez, Capea...que tantas veces se mancharon la seda de sangre propia. Que tantas veces se hicieron inmensos ante la cara del toro. De cualquier toro. Maestros.

No seré quien haga leña. Nunca ante un tío que se pone frente a un toro. Ni antes ni después. Talavante sigue siendo ese torero que apostó fuerte, que no vio el precipicio que también podía ser esa apuesta a fondo perdido si las cosas no rodaban, que a la postre salvaba un mediocre abono de Madrid.

Talavante sigue siendo ese torero del siglo XXI que sacó el toro de la caspa con un anuncio que obligó a hablar de toros a televisiones y medios que silencian a los toros. Talavante sigue siendo uno de los poquitos que tiene claro que hay que abrir la puerta del toreo a las nuevas generaciones, a los nuevos tiempos.

Talavante sigue siendo ese torero que dibujó naturales eternos en Zaragoza, improvisando como un músico sin partituras, deslumbrando. Ese torero que apostó contra sí mismo y perdió contra el espejo, aunque mañana seguirá toreando y creciendo. Madurando. No me cabe la menor duda.

Desde aquí mi respeto y mi admiración por la gesta, por el gesto, para un torero con el alma rota que hoy andará recomponiendo, a golpes de memoria, qué se hizo mal. Por qué no salió bien.

Hubiese sido maravilloso sacarlo a hombros. Aplaudir a los toros por su bravura. Reventar de emoción Las Ventas, mostrarle al mundo la grandeza del toreo.

Ayer, en el fondo, todos perdimos. Menos los empresarios. Glin, glin, glin.