viernes, 6 de mayo de 2016

Siempre contigo, maestro Pana


Aprendí a admirarlo los domingos de Galavisión más por brujo que por torero, peculiar, auténtico, diestro de medias blancas y manta de bandolero o de revolucionario al hombro, el puro en los labios desde los tiempos de antes de Morante, antes de Cristo, bohemio e iconoclasta, maravilloso, loco y libre, personaje de otro tiempo, casi como una leyenda.

Aquel Pana de brindis último a putas y meretrices, a las mujeres que le dieron calor en las soledades, anarca de los reglamentos y lo políticamente correcto, poeta de verso quebrado forjado en noches de hacer la luna mejicana, el amor en colchones de alquiler, de brindis en las tascas y apostarse la vida todo contra nada en el ruedo. Luchador, macho, bravo, canas y cicatrices y las arrugas de la piel como un doctorado de vida.

Rodolfo Rodríguez escribía su penúltimo verso en una plaza sin pena ni gloria, allá donde Cristo perdió el mechero, con un toro sin pena ni gloria, "Pan Francés" sin masa madre ni cabeza en puntas, sin nombre de romance ni poetas que cantar la tragedia con la voz ronca de la eternidad. Brujo sin tintes de gesta, volteado por los aires como un pelele de trapo a merced del maldito destino, el recuerdo de Julio Robles aquella tarde de agosto en Béziers.

Así, como un mariachi sin guitarra, como un caballero sin montura, desvencijado como un muñeco sin médula, como un cristo malllevado por costaleros de la premura, abandonaba El Pana su último ruedo, la arena sin sangre, el callejón tan estrecho, camino del hospital, en la mala suerte de  no caer en la plaza como muere sin pena quien apuesta todo a cara de perro por un sueño.

Hoy, en este cruce de caminos y de emociones, amanecía triste este cinco de mayo; comenzaba San Isidro, regresaba Fortes resucitado y vivo, pero mi corazón estaba más allá, tan lejos. Y llovía, llovía mucho, muy pausado, puta vida, tetraplegia, cadena perpetua de lo inmóvil, leyenda sin final de leyenda, sin cantores en el tendido, sin romances cuando marque el reloj las cinco en punto de todas las tardes, Federico en carne viva.

Fue mala suerte no morir entonces o acaso vivir para amarrar la libertad y atar sin cadenas un alma indomable. Luchador, macho, bravo, canas y cicatrices, domingos de Galavisión, el puro en los labios, escuela de la vida y brindis. Puta vida, puta plaza de mala muerte sin muerte.

Siempre contigo, maestro Pana.


(La foto es de mi amigo, el gran Álvaro Marcos)




4 comentarios:

Alfonso German dijo...

El Pana vivirá mejor de lo que creemos, porque lo vamos a visitar, para platicar, echarnos un trago o llorar ... El Pana es indomable !

oscarlobete dijo...

Acabo de enamorarme de un torero que no conocía. Bravo por el escrito. Bravo por el Maestro y un ole por la escritora. Y al que no diga ole que se le seque la lengua!

Anónimo dijo...

El hombre pasa y su obra queda...Para los anales de la historia de la Fiesta;contigo y sin ti maestro...

Carlos Cerdio dijo...

El texto por si mismo tefleja lo terriblemente triste q se encuentra la Fiesta.
Aqui en México quienes conocemos al Maestro estamos totalmente consternados por lo que le paso...